domingo, 18 de septiembre de 2011

Triada del odio

I.
Con aroma a repulsión fuiste creado.

II.
Basta con un escupitajo bendecido,
y su belleza se revelará en forma de gusanos.

III.
Para cada alma hipócrita y podrida,
existe su propio vertedero de falsedad y porquería.


por Roberto Luna

Poemas Señor Underground 09-2011

Al universo gracias
Kafka no escribió poesía
Al tiempo loado
Homero es un rostro borroso
Al espacio inmensurable
Borges es novela inédita.
En la constelación del sueño
Se forja la vida
Y nace el misterio.
Todos los rostros de la existencia
Son un milagro del vacío
Y la sonrisa del lector
Maravilla del silencio.



* * * 


PIRAÑISMO

Jaula prematura La Vida
Poema inmerecido El Sueño
Anhelo postergado El Silencio
Tú y nadie más
Sabe cuánto caos cabe
En los bolsillos de la tarde.


* * *


VERBO

Tu palabra
Será
Tu origen
Lengua el Cadáver
Palabra el Gusano.


* * *

PAGINAS

(Libro viejo)

Felicidad de palabras encarnadas
Verdades inéditas como el rostro del Creador
Ciudades literarias de papel esperando al pirómano
Un millón que se retiran del Sueño de la escritura
10.000.000 de Editoriales
100.000.000 de Editores
1000.000.000 de rechazados
Lunas que se desintegran en el soneto de las horas
5000.000.000 de críticos

Los mejores libros que leerás y escribirás
Solo los “alcanzarás” con hambre y soledad
10.000.000.000 de intentos de que esta inspiración
No agonice en los vertederos del mundo.

***

TARDE DE NAVIDAD

Nada para esta noche
Nada de pavo y vino
Nada de trajes y perfumes
Nada de amantes y grandes familias
Nada de regalos y luces intermitentes
Nada de oraciones y canciones
Nada de eso que tanto se repite todos los años

Estoy muerto y feliz y solo
Y nadie eso me lo podrá quitar:
Me liberé de la cadena

¡FELIZ NAVIDAD!


* * * 


EPITAFIO PARA UNA HORA QUE MUERE

Aquí yacerán los restos inefables de un sueño
No me recordéis
Que yo en su lugar bien podría burlarme de vosotros
Bailad
Bebed
Cread la vida
Lo que fue no volverá.

* * * 


FIGHT CLUB

Al salir del vientre
Tomé mi bastón
Mis zapatos
Y la navaja
Fui a las discotecas del infierno
Y encontré el grito de la locura
Al amanecer
Mi sangre yacía en al pavimento…
Ninguno me arrebatará el trofeo de la libertad
Soy mi mejor amigo
Mi Mesías
El Redentor.


* * *

MADRE


Susurro de tempestades
Levitando en la cuerda floja
Del misterio…


* * *

ANACORETA


Junto a mi grandeza
Está la noche
Con su manto ciego de sombras.
En el eterno fulgor
De la Pregunta
Solo puedo aceptar la verdad:
Estoy vacío.



 
* * * *

AURORA
                                       A Shoo

El azul de tu océano
El rojo de tu incendio
La transparencia de tu aliento
El púrpura de tu desierto
La medida de ti mismo:
El universo.


* * *

EDITORIALES

La Vida Libro inédito
El Destino Editor que lo rechaza.
Ama tus páginas como a ti mismo
No las lances al triturador del mundo
Ningún lector es digno de tu inocencia
Sonríe en el anonimato:
Olvido.


* * *

RESURRECCIÓN

 Todo Esplendor una quemadura
Toda Quemadura una puerta
Toda Puerta un inicio
Todo Inicio un sueño
Todo Sueño una verdad

La inocencia del Ser.



por  Señor Underground

Claroscuro

Los trazos iban y venían al compás armonioso de contrastes entre luz y sombras, revelando la técnica magistral del dibujante y su lápiz. No dejaba escapar cada detalle observado, capturado por la frecuente semiverticalidad del grafito, en su intento por controlar la intensidad adecuada de los tonos y la ilusión de profundidad que le regalaba el atardecer en su agonía de caída perfecta, sobre un mar que meditaba en su propia serenidad. De la alta ciudad bajaban las últimas líneas curvas de carros y autobuses, como detenidos en el tiempo; todos en una sola sucesión de imágenes calculadas, apreciativamente impecables, que disminuían en la lejanía, dándose a la fuga estática de una noche que aún no acababa de inventarse, y de un horizonte urbanístico de rascacielos, hoteles y demás edificaciones del falso progreso, que parecían querer atraparlos dentro de sus entrañas de concreto.

La escena nocturna se dispuso a predominar. Un aura tenebrista se dispersó por cada recoveco de la mar, ciudad, calles, papel, en trazos de sombreados acechantes, fluidos, que contrastaban con la poca iluminación de la avenida y de los automóviles (en menor número ahora y aún estáticos), en una escala acromática de miedos, persecuciones, muerte imperceptible, que aparecían fugázmente en forma de siluetas de aspectos grotescos, movimientos mecánicos, sigilosos, inmóviles. Huían constantemente de la luz, permaneciendo en la oscuridad en posición de cazadores noctámbulos. La noche desprotegió la ciudad.

Las olas saltarinas se violentaban contra las rocas al otro lado de la avenida. El lápiz se recostó en suave presión sobre el cielo de papel, anunciando que se avecinaba la lluvia en tempestuosa arremetida. Solo dos automóviles en la vía, aunque seguían sin moverse. Las siluetas deformes continuaban apareciendo rápidamente, desapareciendo en el instante, volviendo a refugiarse en la oscuridad por el temor de que los destellos que disparaba la noche cargada revelaran sus rostros. Los dos carros finalmente abandonaron la escena. Una llovizna leve comenzó a pronunciarse en finas agujillas de agua, solo visibles a la luz de las lámparas en la avenida.

El lápiz se dirigió a la altura de la calle. Dos figuras de proporciones armoniosas aparecieron en la estancia, caminando inmóviles, desprevenidas, sin el afán de llegar a algún lugar, disfrutando el espectáculo estruendoso de las olas en las rocas y de las abultadas nubes a punto de reventar sobre la ciudad su más inclemente aguacero. Se fascinaban con cada relámpago que anunciaba el final. Un éxtasis se dibujaba inadvertido en el misterio de sus cuerpos pegados, seducidos entre ellos beso a beso. La llovizna no les importaba, tampoco el lápiz sobre sus labios.

De la oscuridad se desprendió una de las siluetas con un trotecito insospechado, movimientos detenidos que parecían previamente estudiados para ese momento. Con brusquedad se abalanzó intimidante sobre las dos figuras, las cuales retrocedieron espantadas. La imagen detenida denotaba el forcejeo desmesurado que resueltamente ganaría la silueta grotesca, derrumbando a una de las figuras, luego a la otra, dejándolas totalmente inanimadas. Otro relámpago se disparó provocando un gran destello, iluminando el rostro de la silueta que aún estaba frente a los dos cuerpos inertes. Sobresaltado, temeroso, volteó por instinto su mirada satisfecha hacia los ojos de su creador, quien, horrorizado, se vió reflejado a sí mismo en su propia obra. Unas gotas temblaban, inmóviles, suspendidas en el rostro de aquella silueta. El destello seguía detenido en la eternidad del instante, hasta que por fin se apagó, abismando a la ciudad en una fría soledad, dándole paso a la torrencial lluvia. La silueta volvió a perderse en la oscuridad. El artista detuvo casi involuntariamente su lápiz, presenciando la penosa escena de los dos cuerpos armoniosos, tirados en la desolada y oscura avenida.

por Javier Eduardo Córdoba.

Malditos ojos azules

La tarde en que Alicia y su amor pasaron por “La vitrina”, ella se enamoró de un oso de peluche que vio en el enorme aparador que daba a la calle; era un pequeño osito color café encerrado en una caja de cristal, con la nariz rosada y los ojos más azules que aquellos que ella tanto amaba. Miró a su compañero y le dijo: -Mi amor, ¿Me compras ese oso? –Lo siento mi reina pero no tenemos dinero ahora- La besó con mucha ternura y la abrazó para consolarla al verla tan triste por su negativa.

Después de eso, regresaron a la miserable casa que él le había comprado a su reina. Apenas entraron la tomó con delicadeza por la cintura, la llevó al cuarto con mucha dulzura en medio de besos suaves, la recostó y la amó un largo rato.

Los días siguientes, cuando caminaban para llegar al miserable trabajo donde él era el chofer y ella una de las sirvientas, Alicia veía el juguete y le pedía desesperadamente que se lo comprara porque tenía una necesidad más fuerte que ella de liberarlo esa horrible caja donde vivía. Al quinto día él le respondió: -¡Qué no Alicia, déjate de tonterías! Al único muñeco que debes amar es a mí. Pasaron diez días y ese día él respondió: -Mi reina, tú no necesitas ese oso, yo te doy cualquier cosa que desees.

Al día siguiente, respondió: -Déjame en paz, maldita perra. No te lo voy a comprar. Y otro día: -Mi reina, no te lo compro porque no quiero que sigas siendo tan caprichosa. A los quince días, él no dijo nada, su cara no tuvo ninguna reacción, ni siquiera la miró. Al llegar a la casa tomó a Alicia por su negra y larga cabellera y la lanzó repetidamente contra una de las paredes blancas y agrietadas que quedó dibujada con hermosas flores rojas. La levantó del piso, con el puño cerrado golpeó su bello y frágil rostro mientras ella gritaba adolorida. Él no había pronunciado una sola palabra; siguió golpeándola hasta que le dolieron las manos y los pies.

Alicia durmió a fuerzas en el piso un largo rato y al despertarse, lo miró sentado en el desgastado sofá concentrado en una telenovela como si estuviera sufriendo los problemas de los protagonistas enamorados. Todavía escupiendo sangre le dijo: -Yo sólo quería ese oso para nuestro bebé- Dijo esto con una mezcla de rencor y odio que sólo duraría el tiempo que sus heridas tardarían en sanar. Al escucharla, él corrió al cuarto y al regresar le puso en la manos a su mujer un rollo muy grueso de billetes que ella miró con extrañeza y le dijo: -Mi vida, esto es mucho dinero para comprar un simple muñeco. Él le besó la frente rota diciéndole: -Mi reina, yo no quiero que compres nada, quiero que mates al muñeco.

Alicia se cambió de ropa, se limpió la sangre pero aún le seguía saliendo de más de un lugar, salió a la calle y regresó con el pequeño oso. Él no dijo nada, le lanzó un beso al aire cuando la vio llegar y la miró con cinismo. Ella se tomó el jugo que le había dejado en la mesa, se sintió cansada y se durmió.

En la mañana, Alicia abrió los ojos y no veía nada, sólo sentía un fuerte dolor en todo su cuerpo; pensó que habían sido los ataques del día anterior. Recuperó la vista poco a poco y vio que tenía cristales rotos encima de la sábana que la cubría, a su lado estaba el soso acuchillado desde la frente hasta el lugar donde el fabricante lo mutiló; el relleno del oso estaba coloreado con un tinte rojo que Alicia pronto descubriría de dónde había salido.

por María Alejandra Zambrano Canoles

Poemas de Hailher Salcedo 09-2011

KAFKIANO

Un hombre despertó un día
Convertido en una cucaracha
No fue menos entonces…
Hay noches de horrendas cucarachas
Jugando a ser dioses



HERENCIA

De Abel son todas las flores
Y los cantos
De Caín los pétalos marchitos
Y misteriosos encantos



MIRARSE AL ESPEJO

Mirarse al espejo
Ver una serpiente
Queriéndose morder

Sería un hermoso reflejo.



QUIERE LLOVER

Quiere llover…
Truena en la tarde
Esa voz enfurecida nos dice algo
La lluvia son sus tristezas y llantos
La tarde es la sabiduría culminada.




LABERINTOS

De memorias
Parpadeantes pensamientos
La eterna fluorescencia de una lámpara encendida
Un fuego centelleante más allá de la pupila



LOS FANTASMAS

Puedes meterlos en mil ataúdes
Cavar millares de tierras
Jamás perecerán
Son fieles al pasado


CANTO NOCTURNO

Escucha el aullido de lobos
Fusionarse con el viento
Roce de arboles
El grito furioso de la loada noche
El cielo iluminado de estrellas
Como lentejuelas adornan
Algodonadas nubes grises
¡Escucha! ¡Escucha!
Las estrellas con alegre festín
Tiritan queriendo saltar
Pidiendo a mi alma bailar junto a ellas
La música que apresa la delicia

Y el encanto
La orquesta divina de notas calladas
Prestadas solo a oídos sensibles
El mágico sonar de los lobos
El viento, los arboles, el grito de la noche
Y el cielo gris


por Hailher Salcedo

Poemas 09-2011

Tras mi infidelidad
Cruzó la línea fronteriza que delimita nuestros mundos
Secuestró mi sombra
Y se perdió con ella en las tinieblas del espejo


Compro un cristal a diario
Con la esperanza de encontrar
En alguno de ellos
El reflejo y la sombra
Que una vez perdí


* * * *


Mi mente está vestida de blanco.
Me siento
Espero paciente
A que tome la decisión
De usar su mejor vestido.

Descubro que tal vez
Su mejor prenda no está compuesta por un paño de colores y figuras
No hay nada mejor que su piel desnuda

Intento persuadirla
Que abandone su timidez.
Propongo un trueque,
Ofrezco un par de alas a cambio de su vestido blanco
Y el espectáculo de su desnudez.

El azul del cielo no es suficiente

Para volar
Hace falta un par de alas.


por Meka Montes.

AURORA


Lejos de ti
creí en mí
y otras mentiras
desperté.


Aurora
alumbra mi prisión,
este cuerpo de barro
Mírame.

Desde tu cielo
Desde mi altar
Sacrílego de amor
Profano.

Embriagado
de ese sabor
que fluye dentro.
Me envenena.


por Fabio G.V.

El primer Despertar: Alicia.

Zig…zag…zig…zag, zig, zag, zigzag…Zigzagzigzag, zigzagzigzagzigzagzigzag …despierta.

Terminó, por fin; justo a las tres de la madrugada. Ella, viva, solemne, encerrada en aquel parásito que la mató lentamente; alimentándose de una placenta deforme y repulsiva, en un nido lleno de plumas blancas.

Estuve loco por ella, su historia me llevó a una infernal obsesión, a un anhelo por verla caminar otra vez. Fue entonces, cuando recurrí a aquella olvidada ciencia, que en un principio, sólo me otorgaba experimentos fallidos.

Y pensé en su pasado, en su extinción, en su amado Jordán; así como también en la red de sentimientos encontrados: desesperación, agonía, frustración, tristeza. Y la luz junto con la oscuridad invadieron mi cordura, sumado a un conocimiento prohibido; creí, interpreté, jugué a ser Dios.

Zigzagzigzagzigzagzigzag, Zigzagzigzag… Zigzag, zig, zag…zig…zag…levántate.

Los sueños y la realidad están tan cerca el uno del otro, que la frontera casi nunca es visible; un límite rodeado de una melodía de órgano, de un exquisito y angustioso canto de almas.

Tub..tuc..tub, tuc…se rompió el despojo. Sin ninguna complicación, ella brotó de aquel parásito de dos metros. Rompió la coraza violentamente, dejando al descubierto sus delgados brazos; luego caminó por el pasillo, luciendo una figura esbelta y alada.

Esquiva, fría y siniestra. Su mirada, reflejaba el inabarcable olvido, y a la vez, el peculiar abrazo de la muerte. Ella estaba nuevamente frente a mí.

- Alicia… ¿me escuchas?

- Huele a oxido, huele a dolor, a angustia…huele a sangre mezclada con azufre- respondió.

El capullo quedó destrozado, chillando, era como si la naturaleza invirtiera dos polos. De la boca del parásito salían plumas; cómo olvidarlas, era la misma descripción de la carta de Jordán, las mismas plumas carmesíes que cayeron desde el cielo el día de la muerte de Alicia.

- ¿Dónde está Jordán?

- Él murió hace diez años- ella se estremeció, sus ojos se llenaron de unas verdosas y espesas lágrimas. Disfruté verla llorar, no me contuve y dejé escapar una tenue sonrisa.

- ¿y por qué estoy aquí?- gritó amargamente.

- Porque a veces el destino es tan cruel que incluso los muertos se ven afectados, pequeña.

Estaba demasiado alterada, confundida. Su fuerza era descomunal, rompió los tubos de ensayo y los registros. Me sentí decepcionado, muy decepcionado. Alicia era un avance pero a la vez podía ser otro fracaso. La infelicidad quedó marcada en una mirada fría, y la perfección en un arácnido y esbelto cuerpo. El carmesí de sus plumas, le daba un aire entre lo gótico y lo sensual.

Estaba triste… pero los muertos no hablan, no existen, sus opiniones yacen en el olvido; incluso si fue una mujer enamorada, ya no valía la pena, era únicamente un objeto de mis deseos.


Activé los interruptores de seguridad, Alicia quedó envuelta en llamas. Sus gritos de dolor me generaron un sutil placer, se contorsionaba rítmicamente por el sufrimiento. Al final, las quemaduras se regeneraron en un par de minutos; no sólo había creado un ser distinto, sino inmortal, libre de cualquier daño permanente.

Codicia, la insaciable bolsa que nunca se llenaría, nubló mi juicio. Quería más poder, más seres como ella; ahora tenía los recursos, las herramientas, los legados de esa olvidada ciencia. Alicia era el principio de más resurrecciones, pero debía domarla primero, hacerle sentir el asco y el dolor en la inmortalidad. Estaba cansada, sus alas le pesaban. En una esquina, me miró con temor mientras yo sacaba otro parásito de mi bolsillo, derramó otra vez sus espesas lágrimas.

- Es una verdadera lastima, Alicia. Descuida, ya te acostumbraras a esto. Se sentirá muy rico tras un par de días, serás una niña muy obediente.

- Por favor, mátame. Ya no quiero seguir viviendo de esta manera.

- No digas eso. Ya no puedes morir, estás condenada, atada a mi voluntad… Es sólo un largo sueño, cuando despiertes encontrarás con quien jugar, ya no estarás sola, tendrás más hermanos si todo sale bien, pero no lo olvides, todo depende de ti.

Arrojé el pequeño despojo en su cuerpo, se adhirió perfectamente, absorbía los raquíticos líquidos de sus alas caídas. Sus gritos eran tan fuertes que se escucharon por toda la colina; el bosque era testigo de una segunda muerte, lenta, dolorosa, interminable. Dejé bajo custodia a Alicia y emprendí una travesía en busca de más especímenes y formas de resurrección. Los pergaminos me han hecho sentir más humano, encuentro placer en el asco, en el sufrimiento; no puedo parar una vez que comienzo, es un éxtasis que termina en un peculiar orgasmo.

Ahora entendía a Alicia. Cada minuto me regocijaba en aquel delicioso olor, una imaginaria esencia que día y noche percibía en los viajes…exquisito, sublime, proveniente del inframundo: ese olor… sangre mezclada con azufre.


*  *  *  *   *

Poema



Se abre una puerta, se cierra un olvido.
Vuelve la luz, seguida de la oscuridad;
devora el juicio, el amor, sucumbe ante el odio.

Lo que fue, se pierde en la materia podrida.
Hay un progreso, hay una evolución;
pero el alma, nunca vuelve a ser la misma.


Por: César Acosta Narváez.


DOGMA


"No hay nada nuevo bajo del sol" dijo el ciego al sordo.
Un poco más allá, el mudo
Trataba de pensar qué señas hacer
Para refutar al ciego...


por William Hurtado Gómez